Como especialistas en la venta de detergentes en la industria alimentaria, sabemos la importancia que tiene el hecho de que este tipo de productos tengan una calidad excelente y cumplan con su función. Estos se caracterizan por su alta capacidad limpiadora, de modo que eliminan la suciedad incluso en las aguas más duras. A continuación, explicamos cuáles son las principales características de los detergentes y cómo funcionan.

Características de los detergentes

Los detergentes tienen una estructura compuesta por dos partes. Por un lado, la parte lipofílica, que es afín con aceites y grasas, y es la encargada de ubicar estos elementos en el momento de su aplicación. Por otro lado, la hidrofílica, afín con el agua y que aporta a estos productos la propiedad de mantener su capacidad limpiadora en el agua.

Lo que hacen los detergentes, es cambiar la tensión de la superficie del agua, con el fin de poder llevar a cabo correctamente su función limpiadora. Además, este tipo de productos pueden contener elementos como fosfatos, álcalis o ácidos, e incluso utilizarse como antisépticos.

Hay que tener en cuenta, que existen diferentes tipos de detergentes en función del uso que se les va a dar y de la superficie que van a limpiar. De esta forma, podemos encontrar desde detergentes para la ropa, hasta detergentes en la industria alimentaria para lavavajillas, por ejemplo. ¿Qué características tienen todos en común?:

  • Se trata de productos que son solubles y se disuelven fácilmente en el agua.
  • No afectan negativamente a los tejidos.
  • No producen alergias ni son tóxicos.
  • Tienen la capacidad de eliminar manchas.
  • Tienen afinidad con las grasas.
  • No tienen olor. Es habitual agregarles esencias con olores agradables.
  • En algunos casos, tienen enzimas que pueden deshacer manchas más complicadas.

Funcionamiento de los detergentes

Los detergentes siguen una serie de pasos clave con el fin de poder completar su acción limpiadora, que consisten en la humectación, penetración, emulsión y suspensión.

Cuando hablamos de humectación, estamos haciendo referencia a la tensión de la superficie del agua para que, con menos cantidad, sea posible mojar más superficie. Esta tensión debe romperse para que el agua no se concentre en forma de gota y pueda abarcar mucho más a la hora de limpiar.

Cuando la gota de agua ya es capaz de abarcar una superficie mayor, es cuando actúa la penetración. El agua penetra por los poros de la misma para llegar a las zonas en las que se encuentra concentrada la suciedad. A partir de aquí, es el momento del paso de la emulsión, en el que se produce la formación de partículas finas de uno o varios líquidos en otro líquido. El último paso es la suspensión, que es cuando la suciedad logra separarse de la superficie de forma definitiva.

Todas estas características y pasos para el funcionamiento de los detergentes, es lo que marca la diferencia entre tratar de limpiar una mancha con agua y hacerlo con detergente. Con agua, vemos cómo muchas manchas son imposibles de eliminar, mientras que utilizando un detergente, estas se eliminan de forma sencilla.

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